jueves, 19 de junio de 2014


de Jacques Lacan, Seminario 16 "Nuestra experiencia, como se dice, en el análisis, en todo momento, nos confronta en todo momento con un efecto de pérdida . Ella testimonia que ese efecto se encuentra a cada paso. Lo testimonia de manera inocente, es decir de la manera más nociva, atribuyéndolo a un daño imaginario, refiriéndola al esquema de la herida narcisista, es decir, imputándolo a la relación con el semejante. Ahora bien, en este caso, esta relación no tiene nada que ver. No es porque una parcela de cuerpo se desprenda de él que la herida en cuestión funciona y todo intento de reparación, cualquiera que sea, está condenado a prolongarse en la aberración. La herida de la que se trata, depende de un efecto, en otra parte, que para distinguirlo de lo imaginario, califiqué al comienzo de simbólico. Este efecto simbólico se inscribe en el hiato producido entre el cuerpo y su goce, en la medida en que la incidencia del significante o de la marca (rasgo unario) la determina o la agrava.. Como no podemos sondear lo que ya había de hiato en el organismo y solo nos importa el agravamiento, decimos que la incidencia del rasgo unario le da su consistencia. "

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