Leía la clase Nro 3 del seminario 18. Hay paro en la universidad, Lacan cuenta que a través de lo que lee vía su secretaria, coincide con lo manifestado y contempla en adherir.
Llega a la Universidad y se encuentra con que hay público para su conferencia. Les pregunta que piensan de la huelga y recibe silencio de respuesta. Lacan aclara que toma nota de ese silencio, agregando que no va a cometer una falta con la presencia del público.
Más adelante dice: "No diré, hablando con propiedad, lo que yo había preparado. A mi manera, tendré en cuenta esta huelga".
Destaca a medida que habla que este encuentro es una improvisación pero a la vez se define en posición marginal respecto de la Universidad y presenta una critica al tratamiento universitario de la linguistica
lunes, 11 de abril de 2016
jueves, 7 de abril de 2016
120 años del Nacimiento de Donald Winnicott
Hoy se cumplen 120 años del Nacimiento de Donald Winnicott. Comparto entonces una carta de este analista a Jacques Lacan. Muestra de diversidad
.
11 de febrero de 1960
Estimado Dr. Lacan:
Me alegra mucho tener el quinto volumen de La Psychanalyse y le escribo para agradecerle que haya publicado una traducción de mi artículo sobre los Objetos Transicionales. Me parece que alguien se ha tomado un inmenso trabajo en torno de los detalles de la traducción, y probablemente haya sido usted mismo. De cualquier modo, a usted le debo que este artículo esté disponible ahora en lengua francesa.
He estado trabajando en su artículo sobre la Teoría del Simbolismo en recuerdo a Ernest Jones, pero aúno no he asimilado apropiadamente su significado ni evaluado su importancia.
Dicho sea de paso, mi apellido termina con una doble “t” (Winnicott), pero esta clase de cosas no me preocupan.
No me he olvidado que usted me preguntó si podía leer un artículo por aquí, y sin duda debe pensar que me he mostrado muy indolente al respecto. En verdad, sabrá lo que quiero significar si le digo que primero era necesario que la Sociedad hiciera un pedido oficial a un Miembro de la Societé Psychoanalytique de Paris. Creo que ahora esto ya ha sido arreglado y que alguien vendrá a darnos una conferencia, tras lo cual quedaremos en libertad para invitarlo a usted. Lamento que tenga que haber sido dispuesto de este modo, pero también lamento la división del psicoanálisis francés, y permanentemente deseo que puedan volver a unirse. Temo que el malestar haya aumentado a punto tal que ya no pueda corregírselo, pero desde mi punto de vista las personas que se hallan a uno y otro lado de la controversia siguen siendo muy humanas, hombres y mujeres corrientes que luchan por algo que cada cual cree que es lo bueno.
Mi esposa y yo recordamos con el mayor placer la cena con que usted nos agasajó en su departamento, aquel día en que su hija rompió una botella de vino en la cocina. Quisiéramos saber cómo anda ella, y le enviamos a todos ustedes nuestros mejores deseos.
Muy atentamente,
sábado, 2 de abril de 2016
viernes, 1 de abril de 2016
Un texto de Italo Calvino con una interesante mención a Lacan
Dígalo con nudos
En Nueva Caledonia los mensajes de paz y de guerra consistían en una rudimentaria cuerda de Italo Calvinocorteza de hacían (Ficus bengalensis) anudada de distintos modos. Un pedazo de cuerda con un nudo marinero en un extremo era una propuesta de alianza militar; el destinatario, si aceptaba la alianza, no tenía más que hacer un nudo similar en el otro extremo y devolver el mensaje al remitente; así quedaba concertado un pacto indisoluble. En cambio, un nudo en torno a una pequeña antorcha - apagada, pero con huellas de quemado - es una declaración de guerra; quiere decir: «Vendremos a incendiar vuestras / cabañas.» El mensaje que ofrece la paz a los vencidos / es más complicado; se trata de convencerlos de que vuelvan a la aldea destruida para reconstruirla (los conquistadores se guardan de establecerse en una aldea que pertenece a otros y a los espíritus de sus muertos; por eso el nudo del mensaje sujetará trocitos de caña, arbustos y hojasquipus que sirven para la construcción de las cabañas).
Estas fibras anudadas se exhiben en una insólita exposición de la Fundación de Artes Gráficas y Plásticas de la rue Berryer: Nudos y Ataduras, que nos invita a reflexionar en el lenguaje de los nudos como en una forma primordial de escritura.
Los nudos traen a la memoria las cuerdecillas de los maoríes (estamos siempre en las islas del Pacífico de las cuales habla Victor Segalen en su novela Los inmemoriales: los narradores o aedos polinesios recitaban sus poemas de memoria, ayudándose con cuerdecillas trenzadas cuyos nudos se desgranaban entre los dedos siguiendo las episodios de la narración). La correspondencia que habían establecido entre la sucesión de nombres y gestas de héroes y antepasados y los nudos de distintas formas y tamaños, dispuestos a intervalos diferentes, no está clara, pero lo cierto es que el haz de cuerdecillas era para la memoria oral un instrumento indispensable, un modo de fijar el texto antes de cualquier idea de escritura. «Esa trenza - escribe Segalen - se llamaba Origen-del-Verbo porque parecía hacer nacer las palabras.» El advenimiento de la escritura, es decir, el solo hecho de saber que los hombres blancos confían su memoria a signos negros sobre hojas blancas, pone en crisis los procedimientos de la memoria oral: los aedos olvidan sus poemas, las cuerdecillas enmudecen entre sus manos. La tradición oral - escribe Giorgio Agamben comentando a Segalen - mantiene el contacto con el origen mítico de la palabra, es decir, con eso que la escritura ha perdido y que continuamente persigue; la literatura es la tentativa incesante de recuperar esos orígenes olvidados.
En la exposición de la tue Berryer hay también un quipo de los antiguos incas del Perú; y una banda de hilos de algodón de diversos colores, que empleaban los altos funcionarios del imperio para la contabilidad del Estado, los censos de la población, la evaluación de los productos agrícolas: en una palabra, el computer de aquella sociedad basada en la exactitud de los cálculos y de las reparticiones.
Hay un objeto japonés hecho de láminas de madera anudadas en un complicado dibujo casi nudo chinobarroco que simboliza el dios de la montaña, quien durante el invierno se refugia en las cimas para descender a la llanura en primavera como dios del arroz y velar por las plantas jóvenes. En la tradición del shintoísmo nipón hay dioses llamados «anudadores» porque atan el cielo a la tierra, el espíritu a la materia, la vida al cuerpo. En los templos, una cuerda de paja anudada indica el espacio purificado, cerrado al mundo profano, donde los dioses pueden detenerse. En los rituales budistas más sofisticados, el poder del nudo subsiste aun sin su soporte material: basta que el sacerdote mueva los dedos como si hiciera un nudo para que el espacio de la ceremonia se cierre a las influencias nocivas.
Los objetos etnográficos expuestos, prestados por el Museo de Artes de Africa y Oceanía, colecciones privadas, más los del Museo de Artes y Tradiciones Populares, no son muchos. En realidad la exposición está dedicada sobre todo a las obras de artistas contemporáneos en las cualesnudo ataduras, nudos y ovillos de los materiales más diversos se inspiran en la fuerza primitiva de los objetos estudiados por los antropólogos, pero también en las sugestiones inventivas de los innumerables usos prácticos del nudo en la vida cotidiana.
Sin querer invadir el campo de los críticos de arte, señalaré un bellísimo assemblage de Etienne Martín (cuerdas, correas, arneses de caballo, esteras); una barrera de palos, cuerdas, tiendas enrolladas de Titus Carmel; una empalizada sujeta por cordeles de cáñamo de Jackie Windsot; un cantero de guijarros con restos de cuerdas carbonizadas de Christian Jaccard; muchos objetos de brujería coloreados de Jean Clareboudt y arcos con lazos de Louis Chacallis; ligaduras de tubos de plomo de Claude Faivre; raíces hechas de cables de amarre de Daniéle Perrone; otros ejemplos de materiales nudiformes naturales (una raíz, un esqueleto de pájaro de Louis Pons, fibras vegetales enmarañadas de Marinette Cucco).
Una vitrina de exposición, la de los «libros prisioneros», me ha producido una particular emoción nudo celta«profesional», como una pesadilla de condenación: volúmenes atados, amordazados, encadenados, ahorcados de todas las maneras posibles, un libro envuelto en cordel de cáñamo y laqueado de rojo langosta (Barton Lidiced Benès) o, visión más liviana, un libro de páginas de gasa como telas de araña bardadas (Milvia Maglione).
En el catálogo de la exposición, organizada por Gilberto Lascault, se presenta también unnudo ensayo-relato de un matemático, Pierre Rosenstiehl. Porque los nudos, como configuraciones lineales de tres dimensiones, son el objeto de una teoría matemática. Entre los problemas que plantean están los del «nudo borromeo» (tres anillas enlazadas de las cuales sólo la tercera sujeta las otras dos). El «nudo borromeo» ha sido muy importante también para Jacques Lacan: véase, en el Seminario XX, el capítulo «Anillas de cuerda».
Nunca me atrevería a tratar de definir con mis palabras la relación del nudo borromeo con el inconsciente según Lacan; pero me aventuraré a formular la idea geométrico-espacial que de él he conseguido hacerme: el espacio tridimensional tiene en realidad seis dimensiones porque todo cambia según que una dimensión pase por encima o por debajo de la otra, o a izquierda o a derecha nudo humanode la otra, como en un nudo.
Esto se debe a que en los nudos la intersección de dos curvas no es nunca un punto abstracto, sino aquel en el cual se desliza o gira o se enlaza la punta de una soga, cuerda, cable, hilo, cordel o cordón, por encima, por debajo o en torno a sí mismo o a otro elemento similar, como resultado de los gestos bien precisos de un gran número de oficios, del marinero al cirujano, del remendón al acróbata, del alpinista a la costurera, del pescador al embalador, del carnicero al cestero, del fabricante de alfombras al afinador de pianos, del acampador al que hace asientos de paja, del leñador a la encajera, del encuadernador de libros al fabricante de raquetas, del verdugo al ensartador de collares... El arte de hacer nudos, culminación de la abstracción mental y de la manualidad a un tiempo, podría ser considerado la característica humana por excelencia, tanto como el lenguaje o más aún...
(1983)
En Nueva Caledonia los mensajes de paz y de guerra consistían en una rudimentaria cuerda de Italo Calvinocorteza de hacían (Ficus bengalensis) anudada de distintos modos. Un pedazo de cuerda con un nudo marinero en un extremo era una propuesta de alianza militar; el destinatario, si aceptaba la alianza, no tenía más que hacer un nudo similar en el otro extremo y devolver el mensaje al remitente; así quedaba concertado un pacto indisoluble. En cambio, un nudo en torno a una pequeña antorcha - apagada, pero con huellas de quemado - es una declaración de guerra; quiere decir: «Vendremos a incendiar vuestras / cabañas.» El mensaje que ofrece la paz a los vencidos / es más complicado; se trata de convencerlos de que vuelvan a la aldea destruida para reconstruirla (los conquistadores se guardan de establecerse en una aldea que pertenece a otros y a los espíritus de sus muertos; por eso el nudo del mensaje sujetará trocitos de caña, arbustos y hojasquipus que sirven para la construcción de las cabañas).
Estas fibras anudadas se exhiben en una insólita exposición de la Fundación de Artes Gráficas y Plásticas de la rue Berryer: Nudos y Ataduras, que nos invita a reflexionar en el lenguaje de los nudos como en una forma primordial de escritura.
Los nudos traen a la memoria las cuerdecillas de los maoríes (estamos siempre en las islas del Pacífico de las cuales habla Victor Segalen en su novela Los inmemoriales: los narradores o aedos polinesios recitaban sus poemas de memoria, ayudándose con cuerdecillas trenzadas cuyos nudos se desgranaban entre los dedos siguiendo las episodios de la narración). La correspondencia que habían establecido entre la sucesión de nombres y gestas de héroes y antepasados y los nudos de distintas formas y tamaños, dispuestos a intervalos diferentes, no está clara, pero lo cierto es que el haz de cuerdecillas era para la memoria oral un instrumento indispensable, un modo de fijar el texto antes de cualquier idea de escritura. «Esa trenza - escribe Segalen - se llamaba Origen-del-Verbo porque parecía hacer nacer las palabras.» El advenimiento de la escritura, es decir, el solo hecho de saber que los hombres blancos confían su memoria a signos negros sobre hojas blancas, pone en crisis los procedimientos de la memoria oral: los aedos olvidan sus poemas, las cuerdecillas enmudecen entre sus manos. La tradición oral - escribe Giorgio Agamben comentando a Segalen - mantiene el contacto con el origen mítico de la palabra, es decir, con eso que la escritura ha perdido y que continuamente persigue; la literatura es la tentativa incesante de recuperar esos orígenes olvidados.
En la exposición de la tue Berryer hay también un quipo de los antiguos incas del Perú; y una banda de hilos de algodón de diversos colores, que empleaban los altos funcionarios del imperio para la contabilidad del Estado, los censos de la población, la evaluación de los productos agrícolas: en una palabra, el computer de aquella sociedad basada en la exactitud de los cálculos y de las reparticiones.
Hay un objeto japonés hecho de láminas de madera anudadas en un complicado dibujo casi nudo chinobarroco que simboliza el dios de la montaña, quien durante el invierno se refugia en las cimas para descender a la llanura en primavera como dios del arroz y velar por las plantas jóvenes. En la tradición del shintoísmo nipón hay dioses llamados «anudadores» porque atan el cielo a la tierra, el espíritu a la materia, la vida al cuerpo. En los templos, una cuerda de paja anudada indica el espacio purificado, cerrado al mundo profano, donde los dioses pueden detenerse. En los rituales budistas más sofisticados, el poder del nudo subsiste aun sin su soporte material: basta que el sacerdote mueva los dedos como si hiciera un nudo para que el espacio de la ceremonia se cierre a las influencias nocivas.
Los objetos etnográficos expuestos, prestados por el Museo de Artes de Africa y Oceanía, colecciones privadas, más los del Museo de Artes y Tradiciones Populares, no son muchos. En realidad la exposición está dedicada sobre todo a las obras de artistas contemporáneos en las cualesnudo ataduras, nudos y ovillos de los materiales más diversos se inspiran en la fuerza primitiva de los objetos estudiados por los antropólogos, pero también en las sugestiones inventivas de los innumerables usos prácticos del nudo en la vida cotidiana.
Sin querer invadir el campo de los críticos de arte, señalaré un bellísimo assemblage de Etienne Martín (cuerdas, correas, arneses de caballo, esteras); una barrera de palos, cuerdas, tiendas enrolladas de Titus Carmel; una empalizada sujeta por cordeles de cáñamo de Jackie Windsot; un cantero de guijarros con restos de cuerdas carbonizadas de Christian Jaccard; muchos objetos de brujería coloreados de Jean Clareboudt y arcos con lazos de Louis Chacallis; ligaduras de tubos de plomo de Claude Faivre; raíces hechas de cables de amarre de Daniéle Perrone; otros ejemplos de materiales nudiformes naturales (una raíz, un esqueleto de pájaro de Louis Pons, fibras vegetales enmarañadas de Marinette Cucco).
Una vitrina de exposición, la de los «libros prisioneros», me ha producido una particular emoción nudo celta«profesional», como una pesadilla de condenación: volúmenes atados, amordazados, encadenados, ahorcados de todas las maneras posibles, un libro envuelto en cordel de cáñamo y laqueado de rojo langosta (Barton Lidiced Benès) o, visión más liviana, un libro de páginas de gasa como telas de araña bardadas (Milvia Maglione).
En el catálogo de la exposición, organizada por Gilberto Lascault, se presenta también unnudo ensayo-relato de un matemático, Pierre Rosenstiehl. Porque los nudos, como configuraciones lineales de tres dimensiones, son el objeto de una teoría matemática. Entre los problemas que plantean están los del «nudo borromeo» (tres anillas enlazadas de las cuales sólo la tercera sujeta las otras dos). El «nudo borromeo» ha sido muy importante también para Jacques Lacan: véase, en el Seminario XX, el capítulo «Anillas de cuerda».
Nunca me atrevería a tratar de definir con mis palabras la relación del nudo borromeo con el inconsciente según Lacan; pero me aventuraré a formular la idea geométrico-espacial que de él he conseguido hacerme: el espacio tridimensional tiene en realidad seis dimensiones porque todo cambia según que una dimensión pase por encima o por debajo de la otra, o a izquierda o a derecha nudo humanode la otra, como en un nudo.
Esto se debe a que en los nudos la intersección de dos curvas no es nunca un punto abstracto, sino aquel en el cual se desliza o gira o se enlaza la punta de una soga, cuerda, cable, hilo, cordel o cordón, por encima, por debajo o en torno a sí mismo o a otro elemento similar, como resultado de los gestos bien precisos de un gran número de oficios, del marinero al cirujano, del remendón al acróbata, del alpinista a la costurera, del pescador al embalador, del carnicero al cestero, del fabricante de alfombras al afinador de pianos, del acampador al que hace asientos de paja, del leñador a la encajera, del encuadernador de libros al fabricante de raquetas, del verdugo al ensartador de collares... El arte de hacer nudos, culminación de la abstracción mental y de la manualidad a un tiempo, podría ser considerado la característica humana por excelencia, tanto como el lenguaje o más aún...
(1983)
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