martes, 1 de julio de 2014

Reflexiones acerca de la violencia invitando a compartir pensamientos

Siendo la violencia un tema que aparece en las instituciones educativas, en el comportamiento en la calle  y que se duplica en los medios, me permito compartir unas primeras reflexiones que no agotan el tema.
En primer lugar hay que pluralizar la violencia, ya que hay distintos modos y de distintas causas.  Tomo hoy una de ellas, la que se expresa en comportamientos casi cotidianos en adolescentes pero también en adultos. Parto para ello de un texto de Lacan "La agresividad en Psicoanálisis". En dicho texto Lacan presenta diferentes tesis acerca de la misma.
En la cuarta  enunciada como: La agresividad es la tendencia correlativa de un modo de Identificación” nos dice que la experiencia de sí en el niño pequeño respecto a su semejante (otro niño pequeño) se desarrolla a  partir de una situación de indiferenciación
Así es que observamos  una serie de golpes y palmadas que no son solamente expresiones lúdicas ni ejercicios motores o de fuerza sino que responden al modo de constitución del yo.
Sabemos que el humano nace prematuro, por lo que vive en una dependencia absoluta del otro  y que via el sostén que este proporciona , conquista en  el plano mental la unidad funcional de su propio cuerpo. Esto se verifica en los juegos de reconocimiento de si ante el espejo acompañados de  expresiones de alegría intensa.
Lacan aclara: “Lo que he llamado el estadio del espejo tiene el interés de manifestar el dinamismo afectivo por el que el sujeto se identifica  primordialmente con la Gestalt visual de su propio cuerpo: es, con relación a la incoordinación todavía muy profunda de su propia motricidad, unidad ideal, imago salvadora: es valorizada con toda la desolación original, ligada a la discordancia intraorgánica y relacional de la cría de hombre, durante los seis primeros meses, en los que lleva los signos, neurológicos y humorales, de una prematuración natal fisiológica.”

Es esta captación por la imago  (gestalt, imagen que proporciona el otro) de la forma humana,  la que entre los seis meses y los dos años y medio domina el  comportamiento del niño en presencia de sus semejantes . Durante todo ese período se registrarán las reacciones de  transitivismo por ejemplo el niño que pega dice haber sido pegado, el que ve caer llora. Además y por la misma razón sus conductas, en tanto lazo revelan una ambivalencia estructural: se somete y se comporta como un tirano y el despertar del deseo se manifiesta por  el objeto del deseo del otro ( el niño quiere el juguete que el otro niño recién ha tomado)

Lacan en ese escrito afirma que “La noción de una agresividad como tensión correlativa de la estructura narcisista en el devenir del sujeto permite comprender en una función muy simplemente formulada toda clase de accidentes y de atipias de este devenir”

Ahora bien  si ya el yo aparece desde el origen marcado con esa relatividad agresiva, ¿como no pensar que cada gran metamorfosis pulsional , volverá a poner en tela de juicio su delimitación, su yo y su lazo con el otro, leáse el semejante?

Cada etapa de la vida  conlleva un duelo del sí y la continua labor de hacer con la pulsión  que insiste (otro modo de nombrar la metamorfosis pulsional)  en la sociedad que nos toca y en la comunidad que decidimos formar. Y es allí donde la agresividad estructural por diferentes mecanismos puede llegar a la violencia.
Vemos que es la imagen del otro que nos captura y nos permite la vida, pero eso lleva al ser parlante a establecer vía el discurso y el obrar una distancia para que esa captura no sea una alienación insoportable. Cuando las imágenes que portamos son móviles, cuando la mirada del Otro (leáse instituciones, lideres, jefes, modelos, etc) no ve todo, es decir deja momentos de opacidad al sujeto, la tensión lleva a una distancia justa y entonces la salvaguarda la violencia.

En cambio cuando la imagen sustituye al símbolo o cuando se erige en un mundo que deja siempre visible al ser parlante  ( por ejemplo diversos modos de conexión sin corte: “me eliminó”, “no me puso el visto”, “entró”, “me vio entrar”, “estaba disponible y cuando entré se fue”, la violencia como acto es una respuesta

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