sábado, 4 de junio de 2016

Clarice Lirios en el pecho.


Cómo hablar / escribir acerca de Clarice sin quedar atravesada, descubierta por su voz. Clarice lleva por delante una narrativa intimista de verdades semidichas.
Puedo contarles que nació  en una aldea perdida de Ucrania, en diciembre1920 bajo el nombre de Chaya. Agregar que con pocos meses de edad llegó a Maceió Brasil con su familia, huyendo de los pogroms rusos. La nueva tierra, le dio un nuevo nombre Clarice. Laura Freixas, cuenta en el libro “Ladrona de Rosas: una genialidad insoportable” que fue concebida para arrancar de la depresión a su madre (Mania/ Marieta), quien había sido violada por soldados rusos y que además le contangian sifilis, enfermedad que la lleva a la discapacidad y muerte, cuando Clarice tiene 9 años.
Hacia 1939 ingresa en la Facultad de Derecho, y es allí donde conoce a su futuro esposo, el diplomático Maury Gurgel Valente, a quien acompañaría a menudo de país en país, hasta su separación en 1959 .
Las constantes mudanzas tuvieron el tono del exilio. Clarice escribe en el borde del exilio del lenguaje, rompe la gramática, cuenta sin narrar. Pero escribir es desde el exilio
Los capítulos de la primera novela, Cerca del Corazón Salvaje (1944), escrita a los 19 años portan puntos suspensivos en los títulos.
La pasión según GH” (1964) comienza con guiones. “Un aprendizaje o el libro de los placeres” (1969) se inicia con una coma.
En una madrugada del año 1966, la escritora se durmió con un cigarrillo prendido, provocando un incendio que le produjo quemaduras en gran parte del cuerpo, meses de internación y la secuelas en la movilidad de su  mano derecha.
Once años más tarde, en el mes de diciembre, muere a causa de un cáncer dejando como obra póstuma , la novela “Un soplo de vida (Pulsaciones)”. Maurice Blanchot en su libro “La comunidad inconfesable” afirma que “nada nos coloca más en causa que la proximidad de otro en el momento de su muerte” . Clarice transmite en su última obra esa comunidad de los que ya no tienen comunidad, habita la paradoja de la solidaridad en la soledad intrínseca. En esos tiempos Clarice vía   la sonoridad reinventa su apellido. Lispector deviene Lirios en el pecho. Hace la operación cuando ya es un nombre literario, cuando además avecina su muerte, se trata ahora de ‘volver a hacer entrar el nombre propio en lo que tiene de nombre común’, reducir el nombre propio al nombre más común.
Dice Clarice
Soy un objeto querido por Dios. Y eso hace que me nazcan flores en el pecho. Él me creó igual que lo que escribí ahora: «soy un objeto querido por Dios» y a él le gustó haberme creado como a mí me gustó haber creado la frase.
 Lirios blancos recostados sobre la desnudez del pecho. Lirios que ofrezco a lo que está doliendo en ti.
Junto al calor de mi cuerpo los pétalos de lirios se chamuscarían. Llamo a la brisa leve para mi muerte furtiva. Es por eso que me doy a la muerte todos los días. Muero y renazco. Incluso ya morí la muerte de los otros. Pero ahora muero de embriaguez de vida y bendigo el calor del vuerpo vivo que marchita lirios blancos.”
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Descubrí a Clarice hacia fines del siglo pasado, soy del siglo pasado y con esa marca transito la novedad de este siglo que no me vio nacer. La descubrí gracias a una escritora argentina Mariana Docampo quien me facilitó el cuento “Felicidad clandestina”. Luego su maldición de escribir se convirtió en mi maldición de leer-la.
A Clarice se la lee y se la mal-dice, porque escribe lo imposible de escribir, lo que no cesa de no escribirse
Logra “el trabajo de texto que sale del vientre de la araña, su tela. Función en verdad milagrosa, cuando vemos dibujarse, desde la superficie misma que surge de un punto opaco de ese extraño ser, la huella de esos escritos donde asir los límites, los puntos de impasse, de sin salida, que muestran a lo real accediendo a lo simbólico.” (Seminario 20 Jacques Lacan)
Real como aquello que retorna siempre al mismo lugar que es del Otro y lo descompleta. Real como lo imposible de predicar, como lo inefable , lo que la lengua no puede decir pero que lalangue imprime.  Real como lo indeciblemente verificado, por haber desplegado su materialidad. Clarice reintegra el sonido a la dimensión simbólica del significante, la significación se produce por la incidencia de lo que suena y troca la lectura. Lacan dice: reduzco toda invención al sinthome. Entonces la obra de Clarice es su sinthome ,  anudamiento al modo de la histeria rígida tal como se señala en el seminario 23, su  hacer  lazo social, con y más allá del semblante, con y sin amparo del discurso.
Su literatura es un litoral, un borde, un margen que ladea y alcanza lo incomprensible, la soledad, la grieta del amor. Hace del abismo un delicado desorden. Se deja invadir por lo fonémico, dando color con el pincel del parásito palabrero.

Por último otro texto


"Quiero escribir el borrón rojo de la sangre con gotas y coágulos goteando de dentro para dentro. Quiero escribir amarillo-oro con rayos translœcidos. Que no me entiendan poco me importa. Nada tengo que perder. Me lo juego todo en la violencia que siempre me habitó, el grito áspero y agudo y prolongado, el grito que yo, por falso respeto humano, no di. Mas aquí va mi berrido rasgando las profundas entrañas de donde brota el estertor que ambiciono. Quiero abarcar el mundo con el terremoto causado por el grito".

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