Cómo hablar / escribir acerca de Clarice sin quedar atravesada,
descubierta por su voz. Clarice lleva por delante una narrativa intimista de
verdades semidichas.
Puedo contarles que nació
en una aldea perdida de Ucrania, en diciembre1920 bajo el nombre de
Chaya. Agregar que con pocos meses de edad llegó a Maceió Brasil con su
familia, huyendo de los pogroms rusos. La nueva tierra, le dio un nuevo nombre
Clarice. Laura Freixas, cuenta en el libro “Ladrona de Rosas: una genialidad
insoportable” que fue concebida para arrancar de la depresión a su madre
(Mania/ Marieta), quien había sido violada por soldados rusos y que además le
contangian sifilis, enfermedad que la lleva a la discapacidad y muerte, cuando
Clarice tiene 9 años.
Hacia 1939 ingresa en la Facultad de Derecho, y es allí donde
conoce a su futuro esposo, el diplomático Maury Gurgel Valente, a quien
acompañaría a menudo de país en país, hasta su separación en 1959 .
Las
constantes mudanzas tuvieron el tono del exilio. Clarice escribe en el borde
del exilio del lenguaje, rompe la gramática, cuenta sin narrar. Pero escribir es desde el exilio
Los capítulos de la primera novela, Cerca del Corazón Salvaje
(1944), escrita a los 19 años portan puntos suspensivos en los títulos.
“La pasión
según GH” (1964) comienza con guiones. “Un aprendizaje o el libro de los
placeres” (1969) se inicia con una coma.
En una madrugada del año 1966, la escritora se durmió con un
cigarrillo prendido, provocando un incendio que le produjo quemaduras en gran
parte del cuerpo, meses de internación y la secuelas en la movilidad de su mano derecha.
Once años más tarde, en el mes de diciembre, muere a causa de un
cáncer dejando como obra póstuma , la novela “Un soplo de vida (Pulsaciones)”.
Maurice Blanchot en su libro “La comunidad inconfesable” afirma que “nada nos
coloca más en causa que la proximidad de otro en el momento de su muerte” .
Clarice transmite en su última obra esa comunidad de los que ya no tienen
comunidad, habita la paradoja de la solidaridad en la soledad intrínseca. En
esos tiempos Clarice vía la sonoridad
reinventa su apellido. Lispector deviene Lirios en el pecho. Hace la operación
cuando ya es un nombre literario, cuando además avecina su muerte, se
trata ahora de ‘volver a hacer entrar el
nombre propio en lo que tiene
de nombre común’, reducir el nombre propio al nombre más común.
Dice Clarice
“Soy un objeto querido por Dios. Y
eso hace que me nazcan flores en el pecho. Él me creó igual que lo que escribí
ahora: «soy un objeto querido por Dios» y a él le gustó haberme creado como a
mí me gustó haber creado la frase.
Lirios blancos recostados
sobre la desnudez del pecho. Lirios que ofrezco a lo que está doliendo en ti.
Junto al
calor de mi cuerpo los pétalos de lirios se chamuscarían. Llamo a la brisa leve
para mi muerte furtiva. Es por eso que me doy a la muerte todos los días. Muero
y renazco. Incluso ya morí la muerte de los otros. Pero ahora muero de
embriaguez de vida y bendigo el calor del vuerpo vivo que marchita lirios
blancos.”
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Descubrí a Clarice hacia fines del siglo pasado, soy del siglo
pasado y con esa marca transito la novedad de este siglo que no me vio nacer.
La descubrí gracias a una escritora argentina Mariana Docampo quien me facilitó
el cuento “Felicidad clandestina”. Luego su maldición de escribir se convirtió
en mi maldición de leer-la.
A Clarice se la lee y se la mal-dice, porque escribe lo
imposible de escribir, lo que no cesa de no escribirse
Logra “el trabajo de texto
que sale del vientre de la araña, su tela. Función en verdad milagrosa, cuando
vemos dibujarse, desde la superficie misma que surge de un punto opaco de ese
extraño ser, la huella de esos escritos donde asir los límites, los puntos de
impasse, de sin salida, que muestran a lo real accediendo a lo simbólico.”
(Seminario 20 Jacques Lacan)
Real como aquello que retorna siempre
al mismo lugar que es del Otro y lo descompleta. Real como lo imposible de
predicar, como lo inefable , lo que la lengua no puede decir pero que lalangue
imprime. Real como lo indeciblemente
verificado, por haber desplegado su materialidad. Clarice reintegra el sonido a
la dimensión simbólica del significante, la significación se produce por la
incidencia de lo que suena y troca la lectura. Lacan dice: reduzco toda
invención al sinthome. Entonces la obra de Clarice es su sinthome , anudamiento al modo de la histeria rígida tal
como se señala en el seminario 23, su
hacer lazo social, con y más allá
del semblante, con y sin amparo del discurso.
Su literatura es un litoral, un
borde, un margen que ladea y alcanza lo incomprensible, la soledad, la grieta
del amor. Hace del abismo un delicado desorden. Se deja invadir por lo
fonémico, dando color con el pincel del parásito palabrero.
Por
último otro texto
"Quiero
escribir el borrón rojo de la sangre con gotas y coágulos goteando de dentro
para dentro. Quiero escribir amarillo-oro con rayos translœcidos. Que no me
entiendan poco me importa. Nada tengo que perder. Me lo juego todo en la
violencia que siempre me habitó, el grito áspero y agudo y prolongado, el grito
que yo, por falso respeto humano, no di. Mas aquí va mi berrido rasgando las
profundas entrañas de donde brota el estertor que ambiciono. Quiero abarcar el
mundo con el terremoto causado por el grito".
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